Restaurante Kabuki, tan joven y todo un clásico en Madrid

Posted by on Ago 11, 2014 in Moments | 0 comments

Restaurante Kabuki, tan joven y todo un clásico en Madrid

Conozco a Ricardo y Mario (itamae-s) y a Chelo (jefe de sala) desde hace ocho años, casi el mismo tiempo que el primer Kabuki (y para mí, el  verdadero, en Presidente Carmona) abrió sus puertas.

En un par de ocasiones, en esos días en que parece que tu trabajo te plantea un reto insuperable y agotador, he ido sola a comer en la barra de Kabuki.  Mario me ha tratado con tal cariño que no sólo me ha alimentado el estómago, sino también el alma.  ¡Gracias, Mario!

Desde su inicio ha sido el mejor japonés de Madrid.  Como hablaba hoy con mis acompañantes durante la (pantagruélica) comida, en Kabuki se come lo que cocinaría un itamae japonés que dispusiera de la materia prima que tenemos en España.  No podría resistirse…  De acuerdo que no se puede ir a comer a diario (salvo que seas el gestor corrupto de alguna sociedad que falsifique sus cuentas o el CEO de una multinacional que nunca cumple sus planes estratégicos, ambos para desgracia de sus inversores) pero sus sabores son tan exquisitos, su servicio tan perfecto y profesional, y tu satisfacción tan grande al terminar de comer, que es el «premio» que me gusta darme cuando siento que he logrado algo.  Otro manera de buscar «el bienestar» personal… «rascándose» el bolsillo, eso sí.

(Por cierto, para ir a diario a un japonés, recomiendo el casero y auténtico Restaurante Mikado, en Pintor Juan Gris.  Kiko (propietaria) y Pablo (jefe de sala) son magníficos profesionales que ofrecen una comida japonesa que es destino de japoneses residentes en Madrid).

Volviendo a Kabuki.  El local es pequeño y sencillo, a mí me gusta más que su hermano mayor, Kabuki Wellington (los sitios grandes me parecen algo desangelados para el momento de comer, que me gusta sea una experiencia de compartir).  Chelo es un derroche de simpatía, profesionalidad y ganas de agradar: suelo dejarle a ella y a los itamaes la decisión de qué comer.  Y el resto del servicio, muy cualificado y dispuesto a hacer de tu comida toda una experiencia.

Comenzamos con un aperitivo de algas y edamame: no he encontrado en Madrid un sólo restaurante (perdón, Mónica, pero no puedo excluir a Sushi 99, otra de mis obligaciones gastronómicas) que prepare tan bien estas judías.

Y continuamos con lo que Mario y su equipo nos quiera sugerir… en este caso, unas navajas gallegas a la plancha «extrasensoriales», con el jugo de un cítrico japonés que les daba un aroma «de saltarse las lágrimas».

Siguió un sashimi de besugo cuyo recuerdo aún me hace llorar: su sabor, textura y corte, igual que la del resto de platos que tomamos, fue sublime.  Y su presentación fue otra fuente de placer, esta vez de carácter estético.

besugo kabuki

Un sashimi de atún, de un corte extremadamente jugoso y sabroso (soy muy mala aprendiéndome los cortes de los animales) y otro de ventresca sellada a la plancha y acompañada de pamplinas fueron las siguientes delicias a las que tuvimos «que enfrentarnos».

toro kabuki

kabuki 1

Seguimos con la conchafina malagueña y el tartar de ventresca de la casa, acompañado de angulas y huevo.  Sólo conozco algo equiparable a este tartar: el de langostinos tigre que ofrecen en Sushi 99 (Mónica, ¡te lo debía!).

concha kabuki

Terminamos con la famosa «trilogía»: sushi de huevo de codorniz con trufa negra, con hamburguesita de wagu y de pez mantequilla con trufa negra también.  Sinceramente, la guinda del menú.  Aunque tengo que reconocer que el pez mantequilla hoy no fue «sublime»: ¡esto es lo malo de acostumbrarse a la perfección!

kabuki 2

Porque todo en Kabuki es perfecto: la comida, el servicio, la sala… hasta la vajilla es bonita y elegante.  El té verde que tomé figura entre uno de los más aromáticos que he probado nunca.

Comer es una de las muchas cosas que me reportan placer y bienestar y busco sitios especiales, que supongan un recuerdo agradable (¡que exceda al de la factura, por supuesto!).  Kabuki nunca me ha fallado.

P.S.: Trivia.  ¿Por qué los dos mejores restaurantes japoneses de Madrid tienen a dos mujeres de jefas de sala, que acumulan premios por su trabajo?

 

 

 

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